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Arkham Origins Es Mejor que Batman Arkham Knight

Creo que Arkham Origins es un “mejor” juego que Batman Arkham Knight. Sé que esto significa que, probablemente, ahora estés dejando de leer el artículo y queriendo crucificarme por semejante blasfemia. Así que intentaré ser breve y ganarme tu beneplácito de nuevo admitiendo que quizás esté equivocado. ¡Ah, y advertencia de SPOILERS!

¿Sigues aquí? Bien. Si empezamos por el principio, nadie puede negar el logro técnico y narrativo que representa Batman Arkham Knight. El juego es épico. Durante la primera media hora que tuve el control en mis manos me detenía cada cinco segundos para admirar lo que estaba viendo. Era un festín para los ojos: cómo las luces se reflejaban en el pavimento mojado, el viento en la capa de Batman, la expresiones faciales…

Nada más el apartado gráfico ya es suficiente como para acallar a cualquier crítico. Luego de que me aclimaté a semejante despliegue técnico, y me tomé una píldora de humildad, la historia me envolvió y no quería dejar de jugar. El primer momento de máximo suspense, cuando descubrí que el Joker estaba vivo dentro de Batman, asechó mis noches y espantó mis sueños.

Asimismo, a medida que pasaban las horas, admiré y reconocí la grandeza cada uno de los detalles del juego. Pasando por el inmejorable voice acting de Kevin Conroy, como el Caballero Oscuro, y Mark Hamill, como el sublime Joker, hasta llegar a disfrutar el Batimóvil del que tantos se han quejado; Batman Arkham Knight había ganado en mi un adepto de por vida. O eso creí.

La kriptonita de Batman Arkham Knight

Arkham Knight no es perfecto. Ningún juego lo es. A pesar de que logra hacerse con las mejores partes de sus predecesores, incluyendo el siempre relegado Origins, la entrega final de la trilogía se siente forzada en ocasiones e incompleta en otras. Sí, el título te obliga con frecuencia a usar el Batimóvil cuando era innecesario y la carencia de Boss Fights debilitan la experiencia en general.

Te juro que cuando finalmente creí que iba a tener una pelea decente contra Deathstroke, solo para descubrir que se trataba de otro combate más con el “Batitanque”, me provocó lanzar la consola por la ventana. Igualmente, me pareció que la legendaria galería de villanos de Batman, que estuvo tan bien hilvanada en la narrativa de la saga hasta ahora, aquí fue una mera ocurrencia tardía.

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Pero está bien. Nada de eso, ni siquiera el débil punto de giro en la trama (Jason Todd es Arkham Knight), perjudican al juego tanto como lo que pasó al final. Y no estoy hablando de los múltiples ‘endings’ del título. Me refiero a la descorazonadora verdad de saber que al final el verdadero villano del juego es el tedio. Y el tedió hizo lo que ningún villano pudo: Mató a Batman.

El gran problema de Arkham Knight es…

Que en Rocksteady violaron la regla inquebrantable del I Ching de los Escritores:

Mientras escribas las escenas finales, debes tener algunas cosas en mente. Primero, no te quedes mucho tiempo en la ‘acción menguante’. Concluye la historia lo más rápido que puedas y sal del escenario”.

Luego de horas cargadas de adrenalina, persecuciones que me tenían al borde del asiento, momentos en los que mi corazón se saltó un par de latidos al asustarme con el Man-Bat, o la pesadez de creer que habían matado a Oracle; luego de un juego extraordinario que me hizo decir en voz alta “esto es lo mejor que se ha hecho de Batman”… viene el Acertijo y lo arruina todo.

Resulta que el juego no termina si no vences al Acertijo y encuentras todos sus trofeos. Todos los 243. Eso, más que extenuante, raya en el abuso. De pronto Batman Arkham Knight se transformó en un trabajo. Una obligación. De experiencia trepidante a arenas movedizas en un abrir y cerrar de ojos. El mismo juego que horas antes no quería que acabara se volvió uno que no deseo volver a jugar.

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Imagina esto: En Star Wars Luke descubre que Darth Vader es su padre y tú no te lo puedes creer. Tu corazón late desbocado. Y luego hay 2 horas más de película en la que ves a Luke ir de un lado al otro buscando objetos coleccionables para que la película pueda acabarse. ¿Suena Aburrido? ¡Pues claro que lo es! Y aunque eso es cine y esto es un videojuego las mismas reglas aplican.

El refrán dice: “De lo bueno, un poco”. En este caso estoy de acuerdo. No tengo nada en contra de juegos de 200 horas como The Witcher Wild Hunt, que me ha encantado, ni tampoco me disgustan juegos llenos de coleccionables como la saga de Assassin’s Creed, que es uno de mis placeres culposos. Lo que me molesta es ser rehén de un videojuego.

No entiendo. Este tipo de misiones siempre han sido opcionales. Un reto añadido. Uno que, por cierto, siempre había completado gustoso. Yo amo odiar al Acertijo. Es una relación masoquista que le pone sabor al juego porque es un condimento, no el plato principal. Esta decisión de Rocksteady es una que me elude. ¿Qué demonios estaban pensando?

Por eso, y a pesar de todos sus defectos, ahora pienso que Arkham Origins fue “mejor” juego que Batman Arkham Knight. Al menos Origins fue satisfactorio y sin pretensiones. Después del clímax, Origins terminó, tal como debe ser, y no se quedó secuestrando la resolución y créditos finales que tanto ansía uno como gamer. Es una lástima que después de semejante esfuerzo, la saga terminó no con un estallido sino con un sollozo.

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Editor en jefe de Bitspers.com, especialista en noticias de videojuegos y autor de la novela online 'El Infierno de los Suicidas'.

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